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domingo, 19 de abril de 2015

LOS LEONES COMEPERSONAS


La gente con un punto de sensibilidad y de visión más allá de lo que muestra la inmediatez de los medios no pudo ni puede por menos que ver removidos sus adentros ante la forma en que Alberto, joven concursante de Master Chef 3, fue expulsado del concurso el pasado 14 de abril. Independientemente de que se pueda considerar al “león comegamba” como una chiquillada culinaria, el trasfondo de los modos, maneras y contexto de cada integrante de esa escena de la expulsión, sobre todo el de los miembros del jurado, dista mucho de ser una chiquillada. El análisis de dicha escena nos hace demudar el gesto de tristeza en uno de ira reconcentrada.


Lo más evidentemente repulsivo fue la manera tan “viril” en que Pepe Rodríguez y Jordi Cruz, tan reputados cocineros ellos, denostaron el plato, desde la forma en que vertieron el batido de tomate y fresa sobre el plato hasta los términos descalificativos del mismo (insulto, marranada, mofa, plato bobainas, burla), pasando por el áspero tono empleado como de amoladora. Por otra parte, la tercera miembra del jurado, Samantha Vallejo-Nágera (de la familia Vallejo-Nágera de toda la vida) no resolló en ningún momento ni para decir esta boca es mía –seguramente por exigencias del guión-, y la presentadora del programa, Eva González, desempeñó el papel de paño de lágrimas de Alberto tras una incursión de Samantha y Jordi para cubrir las apariencias de levantarle el ánimo al joven estudiante de medicina que unos segundos antes había prorrumpido en llanto.
Lo realmente perverso de todo esto es la reproducción de un esquema de roles tradicional con el total auspicio y premeditación de los altos cargos del ente RTVE colocados a dedo por el maldito desgobierno del PP. Hombres soberbios; altaneros de alto nivel poseedores de criterio y del poder, cual paterfamilias del fogón en el siglo XXI, para herir y defenestrar a lxs aspirantes a parecérseles en algo, y mostrando sólo un asomo de algo muy lejano al sentimiento cuando el daño ya está hecho y más por paternalismo y por dar una imagen “digna” que por verdadera empatía. Mujeres sumisas, prudentes consuelos del afligido, que se abstienen de plantar cara al varón fustigador y que sólo intervienen para minimizar pérdidas, pasivamente y a remolque del veredicto dictado por los machos del cotarro. Y digo machos porque, por demás, no ha pasado desapercibida para muchxs la pluma y la sensibilidad mostradas por Alberto, cosa que hace aún más sangrante el comportamiento a todas luces deleznable de los “expertos”.



Lo realmente perverso y capcioso de todo esto es que se quiera seguir haciendo pasar esto como “televisión de entretenimiento” (término acuñado en su día por el ínclito Valerio Lazarov, adalid del telecirco y la telebasura), para que el público baje las defensas y se filtre más fácilmente y con menor resistencia la ideología –por no decir propaganda- que lleva implícito ese tipo de programación. Lo pavoroso es que los medios abjuren de su responsabilidad como agentes de participación en la dinámica social para convertirse en brazo alienador al servicio de la mentalidad e intereses socio-político-económicos imperantes. Lo terrorífico es que, en un país donde muere asesinada una mujer cada cinco o seis días  por violencia de género y la sexta parte de las mujeres son o han sido maltratadas al menos una vez en su vida, aún se quiera perpetuar el sexismo, el machismo, el androcentrismo, la LGBTI-fobia e incluso una actitud de miserable conmiseración hacia la diversidad funcional so capa de indulgente paternalismo. Lo sublevante es que, en un país con el 25% de su infancia padeciendo malnutrición, se emita en prime time un simulacro de concurso sobre cocina de restaurantes de esos con menús de 50 euros para arriba y mariscadas de 100 en adelante, donde se despachan a cuerpo de rey esos prebostes comepersonas de la élite haciendo obscena ostentación de estatus. Ese estatus ganado a fuerza de expolio en nuestras propias narices y consumado en expolio de nuestro tiempo devorado por la pequeña pantalla. El enésimo expolio cometido sin contemplaciones sobre lxs de siempre por las fauces del patriarcado. Eso sí que es una marranada.

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