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miércoles, 10 de febrero de 2010

Una nube, nube cierta...




REVELACIÓN

El mundo devino rueda. La nube no sabría decirlo,
pero lo sabe. Al mirar se espejea la luz
del primer deseo. Creyendo, la tierra será llana,
el cielo un sentir: todo en su puesto
para que llueva la raíz y, hacia adentro,
el fruto piense. El día cae de su andamio y,
desvelado, crece el peldaño del sueño
de nada escapando, reuniéndose en nada;
no hay arriba no querido.

¡Ah, morir en la vigilia sin fondo ni altura,
morir brillando errante tambaleo, querer
matar un suelo en un vaso vacío!

Un amoroso aflorar de trompetas proclama
lo que quiso el pulso, lejos de moradas
inmóviles y cruentas. La muerte se sentencia
cuando calla, y no precisa ojos
su presencia. Entre iris e iris, la melodía madura,
el recto camino al volver, la danza del caracol coronando
la roca profunda. Todo consumado: lo dice
el agua que llovemos y nos vive,
el sol que nos vive y que brillamos.


De Definitiva nube, Sevilla, Padilla Libros & Editores, 2000.

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